Las nueve regiones · Kanto
Kanto · 関東
Un tercio de Japón vive aquí, y aun así a menos de dos horas del centro hay templos patrimonio de la humanidad, un Buda gigante junto al mar y aguas termales con vistas al Fuji.
No te lo pierdas
Kanto son siete prefecturas alrededor de Tokio: Kanagawa, Chiba, Saitama, Ibaraki, Tochigi y Gunma, más la propia capital.
Es la región más poblada, más rica y más urbanizada del país, y también la mejor comunicada: desde Tokio salen trenes en todas las direcciones y casi todo lo que merece la pena está entre una y dos horas.
Eso la convierte en la región de las excursiones. No hace falta cambiar de hotel: se sale por la mañana, se pasa el día fuera y se vuelve a dormir a Tokio. Es lo que hace que un viaje de siete días aquí cunda tanto.
Qué ver
De Tokio hablamos en otro sitio. Esto es lo que hay alrededor, y es más de lo que la gente cree.
Un complejo de santuarios y templos en la montaña, declarado patrimonio de la humanidad. El Tosho-gu, donde está enterrado el primer shogun Tokugawa, es lo contrario de la sobriedad japonesa: laca, oro y tallas por todas partes. Alrededor hay cascadas, un lago y bosque.
Fue la capital del país en el siglo XIII y está junto al mar. Templos zen entre montañas, senderos que los conectan y el Gran Buda de Kotoku-in, sentado a la intemperie desde que un tsunami se llevó el edificio que lo cubría.
Zona termal de montaña con un circuito que se hace en tren de vía estrecha, funicular, teleférico y barco por el lago. Con suerte, el Fuji asoma al fondo. Tiene además un museo de escultura al aire libre con baño de pies incluido.
La llaman el pequeño Edo. Una calle entera de almacenes de barro negro del siglo XIX, un campanario de madera que sigue tocando las horas y un callejón de dulces tradicionales. Es la excursión más corta y una de las que más se disfrutan.
La segunda ciudad de Japón, con el barrio chino más grande del país y un frente marítimo moderno. Fue el primer puerto abierto a los extranjeros y todavía se nota en la arquitectura.
La montaña de excursión de los tokiotas: se sube andando o en funicular en una mañana, hay un templo arriba y se ve el Fuji los días claros. En otoño se llena de gente y de color.
Qué es de aquí
Kanto es la cocina de Edo: salsa de soja por delante, sabores marcados y platos que nacieron para comerse rápido.
El nigiri —la bola de arroz con el pescado encima— nació aquí, en Edo, como comida callejera. Era un tentempié rápido que se comía de pie en un puesto, y por eso las piezas eran bastante más grandes que hoy.
Primo lejano del okonomiyaki de Osaka, pero mucho más líquido: queda con textura de mezcla a medio cuajar y se come directamente de la plancha con una espátula diminuta. En Tokio hay una calle entera dedicada a él, en Tsukishima.
Almejas y cebolleta en caldo de miso, servido sobre arroz. Nació en el barrio de Fukagawa cuando la desembocadura del Sumida era zona de mariscadores. Es de los pocos platos de Edo que siguen sirviéndose donde se inventaron.
La ciudad se declara capital japonesa de la gyoza y tiene una calle con decenas de casas especializadas, cada una con su versión. Está a menos de una hora de Tokio y mucha gente va solo a comer.
La nata que se forma sobre la leche de soja al calentarla, recogida en láminas. Es comida de monasterio y en Nikko está en todo: en croquetas, en ramen, en soba y hasta en helado.
Las muñecas rojas y redondas sin ojos pintados, a las que se les pinta uno al pedir un deseo y el otro al cumplirse, se fabrican sobre todo en Takasaki, en Gunma. De ahí sale la mayoría de las que se venden en todo Japón.
Lo que casi nadie sabe
No es una impresión: es una división real que sigue el mapa. En Kanto se pide soba, el fideo oscuro de trigo sarraceno, y el caldo va cargado de soja. En Kansai se pide udon, más gordo y blanco, con un caldo pálido y suave.
La misma cadena de restaurantes cambia la receta según en qué lado esté.
El Buda de Kamakura tuvo su edificio, pero se lo llevaron por delante varias tormentas y un maremoto en el siglo XV. Decidieron no reconstruirlo.
Desde entonces lleva más de quinientos años sentado al aire libre, y hoy es difícil imaginarlo de otra manera.
Cuándo ir
Kanto tiene el clima más templado de las regiones grandes y todo funciona en cualquier estación. Lo que cambia es cuánta gente hay.
Cerezos por todas partes, y la mejor temperatura del año para caminar. También lo más caro y lo más lleno, sobre todo la primera quincena de abril.
Temporada altaHúmedo y pesado en la ciudad, pero es cuando hay fuegos artificiales casi cada fin de semana. Hakone y las montañas de Gunma están varios grados más frescas.
La otra gran temporada. El momiji de Nikko y del monte Takao es de los mejores del país, y el tiempo es estable y seco.
Temporada altaFrío pero seco y con cielos muy limpios: es cuando mejor se ve el Fuji desde Hakone. Y las iluminaciones de la ciudad son gratis y espectaculares.
Cómo moverse
Casi todas las excursiones salen de estaciones distintas de Tokio, y muchas no son de JR.
Nikko se hace normalmente con la línea Tobu desde Asakusa; Hakone, con el Odakyu desde Shinjuku; Kawagoe, con el Tobu o el Seibu; Kamakura sí es JR desde Tokio o Shinjuku. Es decir: cada salida tiene su compañía y su estación de origen, y confundirse cuesta media mañana.
Casi todas esas compañías venden un pase de día que incluye el trayecto y el transporte local del destino. Suelen salir a cuenta y se compran en la propia estación.
Si tu viaje se queda en Tokio y alrededores, el pase nacional no tiene sentido: los trayectos son cortos y baratos, y varias de las mejores excursiones ni siquiera son de JR.
Lo que sí sirve es una tarjeta recargable, tipo Suica o Pasmo, para todo lo demás. Haz la cuenta con tu ruta antes de comprar ningún pase.
Sobre los datos de esta página. Los tiempos son aproximados desde el centro de Tokio y dependen mucho de la estación de salida y del tipo de tren.
Verificados en agosto de 2026. Confírmalos con tu punto de partida concreto antes de organizar el día.
Y con tus fechas
Qué excursión cada día, desde qué estación y con qué pase, sin cruzar Tokio dos veces ni encadenar dos días de montaña seguidos.
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