Las nueve regiones · Shikoku
Shikoku · 四国
Es la menos visitada de las cuatro islas principales y el shinkansen ni siquiera llega. A cambio: ochenta y ocho templos, el baño termal más antiguo del país y una isla entera dedicada al arte.
No te lo pierdas
Shikoku son cuatro prefecturas —Kagawa, Tokushima, Ehime y Kochi— en la más pequeña de las cuatro islas grandes de Japón.
Está separada del resto del país por el mar interior y se nota: aquí no hay metro, los autobuses pasan poco y el tren bala se queda en Okayama, al otro lado del puente. La isla funciona a su propio ritmo y hacia el tercer día uno deja de mirar el reloj.
Eso, que suena a inconveniente, es exactamente lo que la gente que viene busca. Casi no hay carteles en inglés, casi no hay grupos y es raro salir en la foto de otro.
Qué ver
La isla se recorre en círculo, igual que la peregrinación. Se suele entrar por Takamatsu y salir por Matsuyama o Kochi.
El baño termal con documentación más antigua de Japón: se menciona desde hace más de mil doscientos años. El edificio principal es de 1894, tres plantas de madera con un fénix arriba, y muchos creen que fue la inspiración de la casa de baños de El viaje de Chihiro. Se entra a bañarse como cualquier vecino.
Una garganta profunda entre montañas donde todavía cruzan puentes hechos de lianas trenzadas, con el suelo de tablones separados y el río abajo a la vista. Cerca hay un pueblo casi vacío donde una vecina hizo muñecos de trapo de tamaño humano para ocupar las casas y los bancos.
Una isla de pescadores reconvertida en museo. Tiene un edificio de Tadao Ando enterrado en la colina que solo se ilumina con luz natural, casas antiguas del pueblo transformadas en instalaciones y una calabaza gigante de lunares en el muelle.
Un circuito de mil doscientos kilómetros que rodea Shikoku, siguiendo los pasos del monje Kobo Daishi. Se hace en unas seis semanas a pie, y hay quien lo hace en coche o por tramos. Los peregrinos van de blanco, con bastón y sombrero de bambú, y se cruzan por toda la isla.
Un jardín construido a lo largo de un siglo desde 1625, con estanques que se recorren en barca y una colina desde la que se ve entero. Está considerado de los más bonitos de Japón y suele estar prácticamente vacío.
En el estrecho entre Shikoku y la isla de Awaji, la marea forma remolinos de varios metros de diámetro. Se ven desde un barco o desde una pasarela con suelo de cristal bajo el puente. Dependen de la hora de la marea.
Qué es de aquí
Cada prefectura tiene su plato y no se solapan: aquí la comida sigue el mapa con una exactitud rara.
Kagawa es la prefectura más pequeña de Japón y se la conoce como la prefectura del udon. Fideos gruesos y con mordida, en locales de autoservicio donde uno coge su cuenco, le echa el caldo y paga unos cientos de yenes. Hay gente que hace una peregrinación propia solo de casas de udon.
El plato de Kochi. Bonito quemado por fuera y crudo por dentro, pero asado sobre llama de paja de arroz, no de carbón: la llamarada es enorme y dura segundos. Se corta grueso y se come con ajo crudo, jengibre y ponzu.
De Ehime. Besugo con arroz, y según la zona de la prefectura se hace de dos maneras distintas: cocido entero con el arroz, o crudo en láminas sobre arroz caliente con salsa y huevo. Las dos se defienden con pasión.
Shikoku huele a cítrico. El sudachi de Tokushima, pequeño y ácido, se exprime sobre casi todo. Y Ehime es la tierra de la mandarina japonesa: hay hasta grifos de zumo de mandarina en algunos sitios.
Imabari, en Ehime, fabrica las toallas más valoradas de Japón, con fama de absorber como ninguna. Y el wasanbon de Kagawa es un azúcar finísimo hecho a mano que se moldea en dulces diminutos y se deshace en la boca.
Lo que casi nadie sabe
Se llama osettai: los vecinos ofrecen a los peregrinos comida, bebida, dinero o un sitio donde dormir, sin conocerlos de nada. Lleva más de mil doscientos años haciéndose.
Y rechazarlo se considera de mala educación, porque quien da lo hace para acompañar espiritualmente el camino. Se acepta, se da las gracias y se sigue.
En Nagoro, en el valle de Iya, quedaban un puñado de vecinos. Una mujer empezó a coser muñecos de trapo de tamaño real para ocupar los sitios de los que se habían ido.
Hoy hay muchos más muñecos que personas: sentados en la parada del autobús, en el campo, en los pupitres de la escuela cerrada.
Cuándo ir
Es una isla para estar fuera todo el día: caminando, en bici o en barco. El clima manda más que en otras regiones.
La mejor época para caminar tramos de la peregrinación y para la ruta ciclista sobre los puentes del mar interior. Cerezos sin colas.
La mejor épocaHúmedo y caluroso, y con la temporada de lluvias entre mediados de junio y mediados de julio. Pero en agosto está el Awa Odori de Tokushima, con la ciudad entera bailando cuatro noches.
El valle de Iya y las gargantas se llenan de color a mediados de noviembre. Temperatura perfecta y la isla casi vacía.
La mejor épocaSuave en la costa y frío en el interior de montaña. Muy tranquilo, aunque algunos servicios de las zonas rurales reducen horarios.
Cómo se llega y cómo se recorre
Se entra normalmente desde Okayama, cruzando el puente en tren, o volando a alguno de los aeropuertos de la isla.
Una vez dentro, el ritmo cambia: no hay tren bala, no hay metro y los autobuses de las zonas rurales pasan pocas veces al día. El valle de Iya, sobre todo, es difícil sin coche o sin planificar bien los horarios.
Por eso Shikoku se disfruta con cuatro o cinco noches y no con dos: intentar hacerla deprisa es pelearse con los horarios todo el rato. Si vas a moverte por el interior, alquilar coche es la diferencia entre ver mucho o poco.
Sirve para llegar desde Osaka o Tokio hasta Okayama y cruzar. Dentro de la isla, muchos trayectos son de autobús o de líneas locales y los recorridos son cortos.
Existe un pase específico de JR Shikoku que cubre la isla, y suele salir mejor si te vas a quedar aquí varios días. Haz la cuenta con tu ruta.
Sobre los datos de esta página. Los tiempos y los horarios de autobús rural cambian por temporada y algunos servicios se reducen fuera de verano. Verificados en agosto de 2026.
Los remolinos de Naruto dependen de la marea y hay franjas del día en que apenas se ven: consulta la tabla de mareas antes de reservar el barco. Y los museos de Naoshima cierran algunos lunes.
Y con tus fechas
Aquí el orden importa más que en ningún sitio: con los autobuses pasando dos veces al día, un día mal encajado se pierde entero. Eso es justo lo que resolvemos.
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